Una de las fases por las que pasa todo proceso de recuperación, en mayor o menor medida, es el de “reentrenamiento de la propiocepción”, ya os hemos hablado desde un punto de vista mecánico en que consiste la propiocepción, pero ¿Cómo se gestiona esa propiocepción allá arriba?, en el cerebro me refiero.. allí entra en juego el Homúnculo. 
El Homúnculo, simplificándolo mucho, no es otra cosa que la imagen de nosotros mismos que tiene el cerebro, y un estado completo de salud se consigue cuando el homúnculo se correlaciona perfectamente con cada parte del cuerpo a la que se corresponde (salud representacional), al producirse una lesión la imagen que tenemos de nosotros mismos (el homúnculo) se puede distorsionar, o no encajar completamente con la realidad y debemos dedicar una parte de la recuperación a devolver a la normalidad cada parte lesionada, también en el cerebro. 
Para hablarnos algo más sobre este tema le he pedido a Arturo Such, un compañero fisioterapeuta y bloguero en “Moviment i Salut”, miembro de la junta directiva de la Sociedad Española de Fisioterapia y Dolor (@Sefid_edupain), que nos explique con sus palabras en que consiste el Homúnculo y como se relaciona con la propiocepción, Así que hoy tenemos POST INVITADO! (fanfarria de presentación…), os dejo con él:
A través de los nervios se envía información al cerebro desde nuestras articulaciones, músculos, ligamentos, piel… y al contrario, desde el cerebro se envía información hacia éstos.

La finalidad de la transmisión de esta información no es otra que mantener nuestro cuerpo en perfectas condiciones, informando desde una parte (articulaciones y demás) de su estado y mandando desde otra (hay que moverse, dicta el cerebro).

La información que se refiere a nuestro propio organismo (posición en que nos encontramos, movimiento que realizamos), se envía a nuestro cerebro gracias a la activación de una serie de “sensores”. Cada vez que uno de estos sensores se activa, una especie de bombilla se enciende en el cerebro. Esta bombilla es diferente según el movimiento realizado o la posición en que nos encontremos, así, no se encenderá la misma bombilla cuando movemos la rodilla que cuando movemos el codo. El conjunto de estas bombillas conforman una imagen de nuestro cuerpo llamada homúnculo. De la adecuada correlación entre este homúnculo y las diferentes partes de nuestro cuerpo depende que tengamos una percepción adecuada de nosotros mismos, la propiocepción.

Así pues, como indica Raúl en su post sobre propiocepción, esta se puede ver alterada después de una lesión porque la información no llega al cerebro, bien porque el sensor haya desaparecido o bien porque la carretera por la que viaja se ve comprometida en un punto de su recorrido. Sin embargo, la propiocepción puede verse alterada cuando el envío de información no implica el encendido de la bombilla cerebral, o esta es la equivocada.
El dolor y la inmovilidad alteran este homúnculo, haciendo que percibamos nuestro propio cuerpo de manera alterada y, al igual que la lesión en un tobillo nos dificulta que reconozcamos la posición en que éste se encuentra, la aparición de estos cambios en el cerebro también lo hacen, aunque no existe dicha lesión en el tobillo. 

Por tanto, tan importante como rehabilitar una lesión, es rehabilitar la percepción de la misma. El trabajo frente a espejos, imaginar movimientos o el incremento gradual de los mismos pueden ser útiles en estas situaciones.

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Una Respuesta


  1. @lailaelqadi mira esta entrada sobre lo que te cuento Laila, http://t.co/Sk9uYboV


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